domingo, 11 de enero de 2009

Centro de Estudios y Formación Política "MIGUEL ANGEL MOZÉ



El FRENTE POLÍTICO TERRITORIAL "EVITA" CREA EL CENTRO DE ESTUDIOS Y FORMACIÓN POLÍTICA "MIGUEL ANGEL MOZÉ".







¿Por qué elegimos el nombre de Miguel Angel Mozé para nuestro proyecto?



Pretendemos así rendirle un homenaje, tomando como emblema la figura del compañero Mozé brutalmente asesinado el 17 de mayo de 1976 cuando se encontraba detenido en la Unidad Penitenciaria Nº 1 (Cárcel de Barrio San Martín, Córdoba), a todos los miltantes populares que entregaron su vida por un país mejor, por una sociedad más justa.



Nuestra idea no es quedarnos en un mero homenaje, sino más bien que, a partir del faro que representa en este caso el compañero "Chicato" Mozé, buscar comprometer en la actividad militante a nuevos compañeros en estos tiempos de tanta apatía hacia la política.



En Centro de Estudios y Formación Política concretará actividades mensuales tendientes a esclarecer a todos los militantes del FPT-EVITA sobre la temática que nos concierne en cuanto a la irrestricta defensa del Proyecto Nacional y Popular. Así, buscaremos promover reuniones con dirigentes de otros espacios políticos, especialistas en temas como economía, historia, etc., generando un permanente debate de ideas que nos puedan enriquecer y brindar nuevos argumentos para enfrentar los difíciles tiempos que se avecinan.



En Centro de Estudios y Formación Política será una suerte de "Ateneo" donde nos encontraremos con compañeros militantes para reconocernos e intercambiar ideas y puntos de vista que sumen a la consolidación del Proyecto Nacional y Popular que inició allá por el año 2003 el compañero Néstor Kirchner y que hoy continúa la compañera Cristina Fernández.







¿QUIEN FUÉ EL COMPAÑERO MIGUEL ANGEL MOZÉ ?







Miguel Angel Mozé
Delegado Juventud Peronista (JP)
Regional III Montoneros


Oriundo de Cruz del Eje, nació el 14 de Octubre de 1948. Fue detenido el 22 de julio de 1975 y puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN) por la vigencia del estado de sitio impuesto por la dictadura militar. Estando a disposición del Juzgado Federal Nº 1 es asesinado durante un traslado desde la Cárcel de Barrio San Martín de Córdoba (UP1) 1l 17 de mayo de 1976. Fue durante ese fatídico año cuando se cuentan en total 29 presos políticos, militantes populares, alojados en la mencionada cárcel asesinados brutalmente por las fuerzas militares que tenían bajo su control la Unidad Penitenciaria.
El "Chicato" hizo sus estudios en los seminarios Menor de Jesús María y Mayor de Córdoba. A comienzos de los 70, Miguel continuó su compromiso cristiano en la comunidad de Barrio Los Plátanos. Desde su vocación de servicio se unió estrechamente a las necesidades de los más pobres, de los más humildes. Y desde allí comenzó a transitar por el peronismo revolucionario, cuyas banderas mantuvo en alto hasta su muerte. Se incorporó activamente a la Juventud Peronista teniendo un rol destacado como dirigente en la campaña "Luche y Vuelve" de 1972, que culminó con el triunfo popular del 11 de marzo de 1973. Fue elegido Delegado de la Regional III de la Juventud Peronista. Sus ansías de justicia no lo abandonaron nunca. Amenazado primero por las Tres AAA (Alianza Anticomunista Argentina) y perseguido por la intervención fascista del Brigadier Lacabanne, durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón, buscó resguardarse hasta que fue secuestrado en plena vía pública, el 22 de julio de 1975, lográndose legalizar su detención gracias a la rápida acción de sus abogados, entre los que estaba el Dr. Miguel Hugo Vaca Narvaja, quienes denunciaron por la prensa que Mozé había sido registrado con otro nombre, negando su detención, mientras era torturado en el Departamento 2 de Informaciones de la Policía de la Provincia. Aún en los momentos más difíciles del aislamiento carcelario, ante la feroz represión, mantuvo su característico optimismo y firmeza de convicciones.


(Del Libro "Por la Memoria, por la Justicia, por un Sueño", editado por FAMILIARES DE DESAPARECIDOS Y DETENIDOS POR RAZONES POLÍTICAS DE CÓRDOBA, Córdoba, 2001)





El sangriento debut de las AAA en Córdoba Nota extraída del sitio www.agenciacta.org.ar
Miércoles 14 de febrero de 2007, por Alexis Oliva *

Hubo un tiempo en que los peronistas eran asesinados por antiperonistas. El episodio emblemático de ese tiempo fue el fusilamiento de civiles en un basural de José León Suárez, en 1956, narrado por Rodolfo J. Walsh en Operación Masacre.

*Secretario de Comunicación y Difusión de la CTA Córdoba Capital.

Hubo otro tiempo en que los peronistas eran asesinados por otros peronistas. El personaje que vincula ambos tiempos quizás haya sido Julio Troxler, sobreviviente de aquel fusilamiento durante la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu, actor que se interpreta a sí mismo en la versión fílmica de Operación Masacre rodada clandestinamente por Jorge Cedrón durante la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse, víctima finalmente de la derecha peronista enrolada en la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) durante el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón.
Los crímenes de la AAA, prohijada por su ministro de Bienestar Social, ex cabo de policía, aprendiz de magia negra y miembro de la logia P 2, José López Rega, fueron declarados de lesa humanidad y por lo tanto imprescriptibles, por lo que tres de sus jerarcas han sido detenidos y la ex presidente tendrá que rendir tardías cuentas a la Justicia.
El capítulo que se abrió con la decisión tomada por el juez federal Norberto Oyarbide en diciembre pasado, tiene una especial trascendencia para Córdoba, donde el golpe de estado policial conocido como el “Navarrazo” dio en febrero de 1974 vía libre para que los grupos parapoliciales de la derecha peronista actuaran con alevosía e impunidad.
Días después del asesinato de Troxler, perpetrado el 20 de septiembre de 1974, ocurría un episodio pavorosamente similar al de José León Suárez, que sería la tarjeta de presentación de las Tres A en Córdoba.
Finaliza septiembre del 74, el mes que despunta en Córdoba con la asunción del brigadier Raúl Oscar Lacabanne como interventor federal; el mes en que las Tres A asesinan en Buenos Aires -entre muchos otros- al abogado cordobés Alfredo Curutchet, al ex vicegobernador Atilio López, al intelectual de izquierda Silvio Frondizi y a Troxler; el mes en que Montoneros pasa a la clandestinidad y secuestra a los hermanos Juan y Jorge Born; el mes que se va yendo en Córdoba con la asunción de un joven José Manuel de la Sota como Secretario de Gobierno de la Municipalidad.
Cercado por la represión, Miguel Angel “Chicato” Mozé, titular de la Regional III de la Juventud Peronista, intenta organizar en el departamento Cruz del Eje una liga agraria de cooperativas de pequeños y medianos productores, como parte de un proyecto nacional de Montoneros. Lo secunda un grupo de militantes de la JP y alumnos del Instituto Provincial de Educación Agrotécnica (Ipea) Nº 3 de la localidad de El Brete, de entre 19 y 22 años de edad. El 29 de septiembre es la cita para la primera reunión, en la comuna de Media Naranja, a la que unas quinientas personas confirman su asistencia.
El día anterior, los militantes que convocan al acto deciden por seguridad que un grupo se quede en Cruz del Eje y otro vaya a Media Naranja a supervisar los preparativos. En un viejo Citroën, parten aproximadamente a las 21 horas Luis Eduardo Santillán, Dardo Omar Koch y los hermanos Ernesto y Sergio Rojas. Pero nunca llegarán a destino.
El testimonio de Ernesto Rojas, uno de los sobrevivientes de aquel episodio, es escalofriante:
“Al hacer unas diez cuadras, nos damos cuenta de que un automóvil nos sigue, damos unas vueltas y logramos perderlo. En El Brete decidimos ingresar al IPEA, donde nos quedamos charlando con los compañeros de estudio como media hora y retomamos el viaje. El colegio se encontraba a unos cuatrocientos metros de la ruta. Unos doscientos metros antes de llegar a la ruta, vemos pasar el auto que nos perseguía. Continuamos el viaje hacia Media Naranja y a unos mil metros vemos el auto en la cuneta, que nos empieza a seguir con las luces apagadas. Llegamos al pueblito El Barrial, donde hay un almacén lindero con la ruta donde se juega a las cartas y al sapo. Paramos y nos metemos. Está lleno. Mi hermano Sergio se esconde detrás de un camión y yo me quedo en la puerta a ver qué hacen los que nos siguen. Bajan tres individuos con armas largas. Entro rápidamente al almacén, y ellos ingresan tirando al aire. La gente aterrorizada corre hacia una puerta al costado del local. Corro hacia ahí pero uno me toma de un brazo y me pone una pistola en la cabeza. Nos ponen de cara a la pared y por el rabillo del ojo puedo ver que ni Santillán ni Koch pudieron huir. Los parroquianos son peones rurales y algunos lloran de miedo.
Dominan la situación, dejan a uno de guardia y salen tirando en la oscuridad. Se escucha que patean las puertas de las casas y hacen una especie de allanamiento, sin dejar de disparar. A un chico de unos 11 años le pegan un culatazo en la cabeza. El dueño del local ingresa a una habitación e intenta cerrar la puerta y le atraviesan la mano de un balazo. La situación es infernal.
Luego entran de nuevo y comienzan a golpearnos, preguntándonos por el Chicato Mozé. Dejan salir a la gente y quedamos Santillán, Koch y yo. Nos revisan y a Santillán le encuentran un volante invitando a la reunión de los productores. Lo sacan y lo interrogan a golpes. Me preguntan mi nombre y les doy uno falso. Me golpean para que diga dónde está Mozé. Yo les niego que lo conozco. Traen a Santillán, nos vuelven a golpear, y nos hacen subir a su vehículo con la cabeza gacha. Inician el retorno a Cruz del Eje, donde dan unas vueltas y agarran por la ruta 38 hacia Córdoba. Al cabo de quince minutos, el que va atrás con nosotros da la orden de parar para ‘acomodar la carga’. Nos bajan, guardan las armas largas en el baúl y les vendan los ojos a Koch y Santillán. A mí no me pueden colocar la venda.
Reanudamos la marcha y con Santillán empezamos a tocarnos para ponernos de acuerdo, porque sabíamos que nos iban a matar. Mi intención era que en La Falda nos resistiéramos, ya que la ruta pasa por la ciudad y había más posibilidad de que alguien nos ayude.
Pasamos Capilla del Monte y San Esteban a gran velocidad. El negro Guerrero Martineitz está en la radio, y de pronto Santillán salta hacia el que va a su lado y yo hacia delante, aferrando el volante y tratando que salgamos de la ruta.
Los dos que van adelante también agarran el volante y empezamos una lucha donde el auto va de un lado al otro. Uno grita que paren y el que va al volante empieza a frenar. El acompañante agarra una pistola y tengo que largar el volante y agarrarla por el caño, tratando de desviarla. El auto se detiene y seguimos luchando, Santillán atrás, y yo con los de adelante. De pronto, se abre la puerta de atrás y el que pelea con Santillán se baja, saca una pistola y le descerraja tres disparos. Me gritan que largue el arma. La suelto y me tiro al asiento de atrás. Veo a Santillán con la cabeza hacia atrás, quejándose y sangrando por la boca. ‘¡Qué han hecho! ¡No tenemos nada que ver!’, les grito. Me bajan de los pelos y yo siempre diciendo que no tenemos nada que ver e insultándolos. Uno me dice que corra. No le hago caso y sigo gritándoles. El que manda le dice a uno que me lleve adentro del campo. Nos introducimos como quince metros, me hace tirar al suelo, me apunta a la cabeza y me dice que me despida. Yo sigo con mi postura de que no tengo nada que ver. De pronto, me dice que me quede quieto, pega la vuelta y sale corriendo. Oigo que le preguntan qué pasó. ‘Vamos, vamos que está muerto’, dice, y se van.
Me levanto y voy a ver si está el cuerpo de Santillán. No encuentro nada y corro hacia San Esteban. En la estación de servicio, un automovilista me auxilia y me lleva a Capilla del Monte, donde radico la denuncia a las doce de la noche.
Cuando presento la denuncia, un policía me pregunta si las características del auto eran las de un Peugeot y si eran tres individuos, uno con barba. Le pregunto cómo lo sabe, y me dice que tenían orden de la Central de Córdoba de no detener ese vehículo”.
Retoma el relato Dardo Koch, el fusilado que vive de la operación masacre serrana: “Luego de que Rojas es bajado del coche, bajo un nerviosismo total, se emprende nuevamente la marcha a alta velocidad y transcurrido algún tiempo quienes nos llevan secuestrados se tranquilizan un poco. Uno de ellos no lo consigue, el chofer del auto, quien da a entender que se ha metido en algo que no tenía bien en claro, que le disgusta. El que comanda el grupo lo tranquiliza diciéndole que no hay nada que temer.
Santillán está herido y se queja de dolor. Por las características del camino comprendo que estamos camino a Córdoba, pero más allá el auto, un Peugeot 404 si no recuerdo mal, gira y comienza a recorrer un camino con muchas curvas que creo identificar como el que va hacia el cerro Pan de Azúcar. Santillán ha dejado de quejarse y comprendo que ha muerto. El chofer se pone más nervioso al ver las luces de otro auto que viene atrás. Cree que alguien los persigue y es nuevamente tranquilizado por el líder del grupo. Luego da la orden de frenar el coche. Bajan a Santillán y allí, ya muerto, lo ametrallan.
Nuevamente apuros. Suben al coche y arrancan a gran velocidad. Pasamos por un lugar donde oigo perros ladrar. Tras algunos minutos, vuelven a parar el coche y me dan orden de bajarme, poniéndome en el costado que da al cerro, con las manos en alto. Nuevamente se ven luces de auto que se aproximan. Esto provoca otra vez apuro.
Les pregunto qué van a hacer conmigo, a lo cual responden: ‘Si te quedás callado y no decís nada de lo que ha pasado, no te va a pasar nada’.
Seguidamente me disparan un balazo en la cabeza. Yo siento un golpe. No escucho ningún ruido, sólo el golpe. Y tomándome de la cabeza, me arrojo al suelo. Se acercan y uno pregunta: ‘¿Estás seguro que está muerto?’. El otro le responde: ‘Sí, mirale la cabeza como la tiene’.
La sangre que derramé más la derramada por Santillán sobre mí (en la ropa, el cuerpo y la cabeza) confundieron a estas personas y en el apuro me dieron por muerto. Santillán se desangró en gran parte sobre mí, ya que íbamos acostados entre los asientos delanteros y traseros, el uno sobre el otro, desde el comienzo del secuestro.
Me toman por los brazos y los pies y me arrojan hacia abajo del camino. No escucho que ellos se vayan. Tampoco escucho ningún auto pasar detrás de ellos, por lo que deduzco que me desmayo al golpear contra las piedras. Esa noche duermo en el cerro, por temor a ser encontrado nuevamente por los que nos habían secuestrado. Tomo contacto recién al otro día con la policía, quienes me llevan al hospital de Cosquín y luego de ser revisado me trasladan a Córdoba”.
Dardo Koch se recuperó y tiempo después fue obligado a exiliarse en Noruega, donde todavía hoy vive y trabaja como enfermero especializado.
Ernesto Rojas fue apresado tres días después en una casa operativa de Montoneros en Córdoba y peregrinó por más de media docena de cárceles hasta su liberación en 1984. Actualmente, reside en Andalgalá, Catamarca, donde tiene un motel y trabaja en un programa de radio.
Sergio Rojas escapó a esta masacre y fue secuestrado y asesinado el 14 de abril de 1977.
Luis Santillán fue velado en la sede del Partido Justicialista y sepultado en Cruz del Eje. Montoneros solventó el servicio fúnebre.
Miguel Angel Mozé fue detenido el 22 de julio de 1975, acusado del secuestro de un ejecutivo de la Coca Cola. El 17 de mayo de 1976, junto a otros cinco presos políticos de la Penitenciaría Nº 1 de Córdoba, fue fusilado en un fraguado intento de fuga.
En una pared de la pulpería de don Mohamed Hossein, en El Barrial, los asesinos dejaron pintada su rúbrica: Comando Sergio Bertoglio. AAA. Fue su primera acción en Córdoba. Nunca se conoció la identidad de sus miembros.
Miguel Angel Mozé,jefe de la JP Córdoba y militante montonero
El hijo olvidado
Por Alexis Oliva
Nota publicada en "Umbrales" Nº 18, editada por el Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren), octubre 2006.
Treinta años después de su fusilamiento, la historia de Miguel Angel “Chicato” Mozé, seminarista, jefe de la Regional III de la Juventud Peronista y militante montonero, es un testimonio emblemático de una generación de jóvenes que adquirieron sus ideales revolucionarios en el seno de la Iglesia Católica y luego fueron demonizados y abandonados a su suerte por una jerarquía clerical cómplice de la dictadura.“Sólo le pido a Dios / que el engaño no me sea indiferente / Si un traidor puede más que unos cuantos / que esos cuantos no lo olviden fácilmente”._ (León Gieco reveló hace poco que el destinatario original de esos versos de Sólo le pido a Dios fue Juan Domingo Perón, porque “en España, Perón decía ‘si fuera joven estaría tirando bombas como los muchachos en Argentina’. Pero cuando vino, se cagó en todos los muchachos y se juntó con la derecha de López Rega”.). “...(Raúl Francisco) Primatesta convalidó con su silencio el relato encubridor del asesinato de quien se había formado bajo su autoridad. Entre la ideología y el miedo, no había espacio para la verdad”._(Horacio Verbitsky – Doble Juego – La Argentina Católica y Militar – 2006).
Julio de 1970. El seminarista Miguel Angel Mozé recibe un sobre. Adentro hay una carta y varios escritos, donde una agrupación llamada Montoneros se atribuye la autoría del copamiento de la localidad de La Calera y el secuestro y ejecución del general Pedro Eugenio Aramburu. Le ha llegado a él y a otros compañeros con los que comparte una militancia cristiana tercermundista que no alcanza a saciar sus ansias revolucionarias.Enero de 1979. Angela Suša de Mozé recibe un sobre. Adentro hay una medalla de oro y un acta de condecoración póstuma para su hijo: “Considerando que el compañero Miguel Angel Mozé que ha dejado la vida en la defensa de los intereses de nuestra Patria y de nuestro Pueblo es un ejemplo de la heroica resistencia popular (...) La Conducción Nacional del Partido Montonero y Comandancia del Ejército Montonero resuelve otorgar a este compañero la condecoración ‘Al Mártir de la Resistencia Popular’ en su máximo grado, el de Compañera Eva Perón”. Firman los comandantes Mario E. Firmenich y Horacio A. Mendizábal, y el segundo comandante Horacio D. Campiglia.Entre un sobre y otro han pasado, además de ocho años y medio, muchos muertos. Entre ellos, un Mozé que ya no era seminarista y mucho menos sacerdote, que fue fusilado a los 27 años, el 17 de mayo de 1976, junto a otros cinco presos políticos. El primero de esa historia ha sido Emilio Mazza, herido fatalmente en aquel intento de copar La Calera. Los sacerdotes tercermundistas y el obispo de la Rioja, Enrique Angelelli, han justificado la “violencia de abajo”; y está preso el cura Fulgencio Alberto Rojas, sospechado de pertenecer a Montoneros. Mozé y sus compañeros del Seminario Mayor de Córdoba sienten que deben hacer oír su voz: “Morir por el Pueblo es la máxima opción del cristiano y justamente el anuncio sin hipocresía del Evangelio y la acción por la justicia que se gesta en el seno de nuestro Pueblo tienen como consecuencia entrega total”, afirman en un documento que se convertirá para los firmantes en una lista negra. La Iglesia que comenzará a abandonarlo a partir de ese documento, recibió a Miguel Angel siendo un niño de cinco años en el jardín de infantes del Instituto Nuestra Señora del Valle, de la ciudad de Cruz del Eje. En aquellos primeros años 50, catolicismo y peronismo todavía no eran términos educativos incompatibles y ambos imaginarios se encontraban en un libro de lectura que decía: “Nuestra Evita está con Dios y nos cuida desde el cielo”.Ya era monaguillo cuando en cuarto grado se cambió al colegio de los Hermanos Educadores de Bialet Massé, para pasar luego al Seminario Menor de Jesús María.Su ex compañero Luis Miguel Baronetto recuerda algunas características: “Era muy pata dura para el fútbol; y eso era jodido, porque valías mucho si eras buen jugador. Y era un tipo muy jetón, alegre y rompe huevos, diríamos, de esos que animan cualquier fiesta. Eso compensaba sobradamente su incapacidad futbolera, así que no era un desapercibido, sino muy tenido en cuenta. Además, se distinguía por su interés y dedicación por todo lo que significaba la reforma litúrgica”. El despertarIngresa al Seminario Mayor en 1967, año en que sus alumnos comienzan a estudiar en la Universidad Católica. La experiencia dura apenas dos años, porque la acelerada politización del estudiantado representa un peligro potencial para los futuros sacerdotes. En la Católica, los ámbitos de militancia son el Ateneo de Estudios Sociales y el Campamento Universitario de Trabajo (CUT), con el que en 1969 Mozé viaja a la colonia aborigen de Quitilipi, Chaco. En una entrevista del periódico cruzdelejeño Nuevo Tiempo, describe la realidad que observó: “Viven casi exclusivamente del cultivo del algodón. Éste es comercializado por intermedio de una Administración, de la cual dependen ellos y, aquí se crea un círculo vicioso, dado que la cosecha generalmente se la paga con las nuevas semillas; esto, sumado a los alimentos racionados que durante el año sacan de la cooperativa (repartición de la Administración), no les permite dejarles ninguna ganancia; muy por el contrario, siempre quedan en deuda”.Su formación sacerdotal se complementa con trabajo social -en un principio avalado por el propio Arzobispado- en parroquias de barrios populares conducidas por curas del creciente Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Mozé y Roberto Vidaña -luego diputado nacional de Montoneros- van a la parroquia de barrio Los Plátanos, a cargo de Erio Vaudagna. “Todavía se gozaba de cierta libertad de opinión y elección, y los seminaristas elegían a qué parroquia ir. Vidaña y Mozé me vinieron a hablar y yo acepté con gusto. La actividad era netamente parroquial, con un sentido progresista y de Iglesia de los pobres, en base a reuniones, debates y los sermones. Ellos me dirigían la misa y formaban los grupos juveniles”, recuerda el ex sacerdote.En ese tiempo van ocurriendo sucesos que estimulan una conciencia revolucionaria que trascenderá la militancia cristiana tercermundista: la aparición de la guerrilla, el Cordobazo, Vietnam, la irrupción de Montoneros con la ejecución de Aramburu, la toma de La Calera y la muerte de Emilio Mazza, que motivará aquel pronunciamiento que irritará al arzobispo Raúl Francisco Primatesta. Sus firmantes serán retirados del Seminario por los titulares de sus diócesis.“En un momento descubre que desde la Iglesia ya no se podía avanzar más -explica Vaudagna-. La Iglesia tenía que pasar a ser una institución que dentro de un sistema socialista trabajase por profundizar ese socialismo. Mientras tanto, su misión, la de un auténtico cristiano, estaba en lo político. Y contra esa oligarquía aliada en el capitalismo al Ejército, la opción que quedaba era la lucha armada. Vivir el cristianismo significaba luchar por otro orden social. Y no se podía con elecciones, era con la lucha armada del pueblo contra el sistema. Entonces, al surgir estos movimientos que proponían la acción armada, ellos se enrolaron”.La rupturaEl obispo cruzdelejeño Enrique Pechuán Marín traslada a Mozé a la localidad de Serrezuela para despolitizarlo, pero allí encuentra el mismo mecanismo de explotación que conoció en el Chaco y comienza a concientizar y organizar a los campesinos. El 24 de septiembre de 1970, organiza en el salón del Pasaje España de Cruz del Eje una entrevista pública entre un corresponsal de la revista Siete Días y el cura tercermundista Abud Layús, con masiva convocatoria y amplia repercusión en la prensa cordobesa. Tanto que el propio Layús rescata la experiencia en su libro El Poder y la Sangre, donde refiere que Mozé “había querido traer a su ciudad natal las ideas que a él le habían cambiado la vida”. Layús cuenta que al final del debate el cruzdelejeño corrió a darle un abrazo: -Muy bien, Cura. Muy claro todo. Ahora debo enfrentar a Monseñor Pechuán, que está furioso por haber organizado esta jornada y sobre todo por haberlo invitado a usted.También los terratenientes de Serrezuela están furiosos con el seminarista y lo denuncian, por agitar a sus peones, ante el Obispo, que convoca a varios curas de la diócesis a una reunión donde deciden que no se ordenará sacerdote.En 1971, vuelve a Córdoba y se muda con otros seminaristas a barrio Oña para trabajar con las comunidades cristianas coordinadas por el cura irlandés Antonio Gill. Allí crean la primera unidad básica de superficie de la JP en Córdoba. En esa época, conoce a Olga Acosta, militante cristiana y de la JP, con quien tendrá un hijo, Martín, nacido el 4 de septiembre de 1973.En el libro “Por la memoria, por la justicia, por un sueño”, que cuenta la historia de los fusilados en la Penitenciaría de Barrio San Martín, escribió un relato que termina así: “Pido a gritos tu presencia para no morir sin sufrimientos ni razones y no dejar tu mundo ni olvidar mis sentimientos por vos, papá”. Actualmente, Martín tiene 33 años y estudia cine en España. Hace unos años, se reunió en Jesús María con los ex compañeros de Mozé en el Seminario Menor. “Al verme, por mi parecido físico con mi padre, se sobrecogieron y hasta lloraron”, recuerda Martín, quien piensa hacer un documental con eje en el difuso recuerdo de una visita que alcanzó a hacerle con su madre en la cárcel.En marzo de 1972, Mozé ingresa a la Escuela de Ciencias de la Información (ECI) de la Universidad Nacional de Córdoba. En su legajo, al responder a “Se inscribió, inscribe o reinscribe en otra carrera”, marca “La abandonó”. Pero su paso por la ECI no figuraba en la placa que durante muchos años rindió homenaje a los estudiantes asesinados o desaparecidos por la dictadura. Recién en marzo de 2003, la entonces directora Marita Mata lo advertirá gracias a una casualidad: “Yo recibí la demanda de la agrupación Arcilla de que buscáramos los legajos de los compañeros desaparecidos, que por alguna razón nunca se encontraron. Entonces, me fui a Despacho de Alumnos con la lista de los compañeros que siempre han figurado en las placas y documentos. Pero después de buscar con esa lista, al no encontrar algunos, me llevó a ver todos los legajos porque pensé que podían estar traspapelados. Al revisar uno por uno, de pronto veo la foto del Chicato. Y me quedé impresionada, porque no recordaba que hubiera sido alumno. En esos años, Mozé era una presencia constante en la Escuela, pero yo lo asociaba a su calidad de dirigente de la JP”.El vértigo28 de febrero de 1973. Ante un estadio de Talleres colmado, habla “en tono enérgico y verba encendida, el joven Miguel Angel Mosse (sic), prologando la palabra del candidato a la presidencia de la República” (La Voz del Interior), un Héctor Cámpora que triunfará con el Frente Justicialista de Liberación (Frejuli) el 11 de marzo. Mozé está en la cúspide, aunque al convocar a trabajar por “la patria socialista” desde un sector de la tribuna le silben y contesten: “¡No, la patria peronista!” (Diario Córdoba).Son los mismos que el 13 de julio festejarán que Cámpora sea desplazado cuando “sectores de derecha dieron un golpe que pretendió burlar la voluntad popular”, definirá el cruzdelejeño en una entrevista del diario El Independiente de La Rioja. El 8 de septiembre, Mozé participa en la reunión de Gaspar Campos, donde Juan Domingo Perón logra tranquilizar y “encuadrar” a los líderes de Montoneros, FAR y JP.El 17 de septiembre, El Independiente titula: “Mozé: Esta es la etapa de la toma del poder”. El dirigente aclara que “las relaciones de Perón con la JP nunca estuvieron interrumpidas”, y afirma: “Gracias a la lucha de FAR y Montoneros, esencialmente, y de la clase trabajadora hoy podemos cumplir el anhelo de Perón Presidente. En la actual etapa de reconstrucción y liberación nacional no se pierde el objetivo estratégico que es la toma del poder con Perón en el gobierno, para construir, en definitiva, el socialismo nacional”, insiste.El 23 de septiembre, triunfa la fórmula Perón-Perón. “Él siempre decía que habían sido muy tontos -recuerda su hermana, Miguelina-, porque cuando salieron de Gaspar Campos, no sé qué les dijo (José) López Rega y ellos se rieron, como diciendo: ‘Miralo a este tonto, que se cree que tiene tanto poder’. Y después con el tiempo, cuando pasa todo lo que pasa, él me decía: ‘Qué lástima que no nos dimos cuenta quién era’”.La caída22 de julio de 1975. 16,30 horas. Un muchacho con lentes de contacto charla con el cadete apoyado en el mostrador en la corresponsalía del diario La Opinión, en el 7º piso de Rioja 33, mientras aguarda que termine una reunión el periodista Jorge Pérez Gaudio. De repente, una docena de policías de la Dirección de Informaciones (D2) irrumpe en el local y reduce al joven, que tiene un documento de identidad a nombre de Alberto Marull.-¿Así que sos éste? Mirá vos, justo a vos te estábamos buscando...- se mofa un policía.-¡No señor! ¡Se están llevando a Miguel Angel Mozé, el delegado de la JP!- interviene Pérez Gaudio. Un agente lo derriba de un empujón.-¡Piro, salvame!- alcanza a gritar Marull-Mozé desde el ascensor.Inmediatamente, el periodista recurre a los abogados Gustavo Roca y Lucio Garzón Maceda, quienes presentan un habeas corpus y logran aclarar la identidad del detenido.“Diversos procedimientos se efectuaron con motivo de la detención de Mosé” (sic), titula el Diario Córdoba del 26 de julio. La nota indica que “era buscado desde hace varios meses, pues en ocasión de la liberación de Mario Kember, presidente del directorio de INTI, se encontró en el lugar del cautiverio la libreta de enrolamiento de Mosé” (sic). Y agrega que “los primeros resultados no trascendieron para los medios de difusión”, pero “la posibilidad de ubicar algunos de los centros operativos de la organización autoproscripta, se habría diluido en gran parte, y se espera que un buen número de los detenidos por sospechas de actividad subversiva recuperen sus libertades tras aclarar sus situaciones personales”, lo que no significa otra cosa que Mozé fue torturado y resistió sin dar información, según consta también en la documentación judicial y aseguran sus compañeros de cautiverio.Después de varios días en el Cabildo, un maltrecho Mozé va a parar a la Unidad Penitenciaria Nº 1, a la celda uno del pabellón ocho, en el que están alojados los militantes guerrilleros. Allí se reencontrará con su ex compañero Baronetto y con su abogado Miguel Hugo Vaca Narvaja (h), secuestrado por policías de civil en la escalinata de Tribunales, donde realizaba un trámite relacionado la defensa del ex delegado de la JP. En aquellos meses previos al golpe de Estado, un sistema relativamente permisivo permite que durante el día las puertas de las celdas permanezcan abiertas y en el pabellón se puedan realizar tareas manuales, recibir visitas, leer, escribir y discutir política. Todo terminará cuando, luego del 24 de marzo del ‘76, el Ejército se haga cargo del penal e inicie un régimen implacable de requisas, incomunicación, golpizas nocturnas, hambruna y asesinato. Asesinato y encubrimiento“Córdoba debe vivir con tranquilidad”, afirma el cardenal Primatesta en el titular principal del diario Córdoba del 18 de mayo de 1976. Tal vez después de leer la crónica de su audiencia de la víspera con el general Jorge Rafael Videla, en la que estrenó su condición de presidente del Episcopado, haya pasado unas páginas y advertido algo que ocurrió ese mismo día: “Abatieron a seis extremistas”, dice el título. El comunicado del Tercer Cuerpo de Ejército informa que cuando “una comisión policial trasladaba a seis delincuentes subversivos (...) fue atacada por otros delincuentes que ocupaban dos o tres automóviles con el evidente propósito de rescate, abriendo fuego contra la comisión policial, la que reaccionó de inmediato. Como resultado del tiroteo, dos delincuentes que se encontraban dentro del vehículo policial fueron alcanzados por varios disparos pereciendo en el acto. Un agente resultó con una herida leve en un brazo. Los otros detenidos, tratando de aprovechar esta situación, intentaron huir en distintas direcciones. Dos de ellos se cruzaron en la línea de fuego cayendo heridos mortalmente y los dos restantes, al no acatar la intimación policial, fueron abatidos por las fuerzas del orden. (...) Los delincuentes muertos son: Miguel Angel Mossé (sic), José Alberto Svagusa, Diana Beatriz Fidelman, Luis Ricardo Verón, Ricardo Alberto Young y Eduardo Alberto Hernández”.¿Desconocía el Cardenal quién era aquel al que vio formarse bajo su órbita, aquel cuya graduación en el Seminario Menor presidió un no tan lejano día de noviembre de 1966? (“Estuvo Primatesta”, figura en el día de su egreso en el cuaderno donde Mozé registraba sus vivencias del Seminario Menor. “Primatesta no la quiso recibir a mi mamá cuando mi hermano estaba preso”, dice Miguelina).Y si no leyó la noticia en el diario, la pudo leer después. Rodolfo J. Walsh, en su Carta Abierta a la Junta Militar, cita una carta “de los presos en la cárcel de Encausados al obispo de Córdoba, monseñor Primatesta. El 17 de mayo son retirados con el engaño de ir a la enfermería seis compañeros que luego son fusilados...”, le cuentan con detalle los prisioneros al Cardenal.Así comenzó a cumplirse aquella amenaza del general Juan Baustista Sasiaiñ, a poco de copar el Ejército la cárcel después del golpe: -Los vamos a matar a todos. Pero los vamos a matar de a poco, como a las ratas, para que sufran.Ese día irrumpen en el pabellón, gritan sus apellidos, los esposan, les vendan los ojos, los obligan a subir a una camioneta de la policía y los llevan hasta la costanera del río Suquía, cerca del puente Santa Fe. -¡Corran, carajo!- ordena un oficial.-No seas cobarde. Matame de frente, hijo de puta- le contesta Diana Fidelman. Los testigos escuchan ese diálogo y ven que los empujan hacia la barranca del río y a tropezones comienzan a bajar. También escuchan y ven que los acribillan.Al día siguiente, un empleado penitenciario se lo confirma a los presos políticos:-Los mataron a todos cerca del puente Santa Fe y después la policía baleó sus propios vehículos para simular el enfrentamiento.“Ahí tomamos conciencia de que lo que Sasiaiñ había dicho, eso que considerábamos una bravuconada de los milicos, era en serio”, reflexiona Baronetto treinta años después, al evocar a los 28 compañeros asesinados durante 1976 en la cárcel de barrio San Martín, entre los que estaba su esposa, Marta Juana González. Impunidad y olvidoEn el caso de Mozé, tomaron otro recaudo para garantizar la impunidad de su crimen. Ricardo Valentini, esposo de su hermana, fue apresado el 11 de mayo -seis días antes del fusilamiento colectivo- y el 18 fue trasladado a la penitenciaría de donde el día anterior se llevaron a su cuñado. “Fui una especie de rehén”, interpreta Valentini el verdadero motivo de aquella detención que se ordenó por “leer material subversivo” y lo mantuvo preso hasta marzo de 1979.Miguelina aún no se recuperaba del allanamiento de su casa y el encarcelamiento de su esposo, cuando se entera de la muerte de su hermano: “Cuando le tuve que decir a mi mamá que lo habían matado y teníamos que ir a reconocer el cuerpo, fue uno de los peores momentos de mi vida. Había venido mi suegro a contarme lo que salía en el diario... Entonces, me fui a su casa y le dije: ‘Mirá, mamá, hubo un enfrentamiento en la cárcel de San Martín y creo que Miguel está muy herido. Tenemos que ir a verlo’. Después nos llevaron y en el auto le dije, porque ella ya se daba cuenta: ‘Lo mataron’”. De todas las “madres” de Miguel Angel Mozé, fue Angela, la que lo trajo al mundo, la única que nunca lo abandonó. Con su dolor a cuestas, recuperó el cuerpo de su hijo, lo sepultó en el cementerio San José de Cruz del Eje y guardó como un tesoro sus recuerdos hasta que le tocó descansar junto a él. Porque fue abandonado por su ciudad natal, que retribuyó su compromiso primero esquivando la mirada a sus familiares y después con olvido. Abandonado también -como tantos militantes de la izquierda peronista- por un Partido Justicialista que jamás le rindió un homenaje. Y abandonado por su “segunda madre”, la Santa Madre Iglesia, que no permitió que se ordene sacerdote y lo dejó librado a su suerte en una cárcel donde mandaban los asesinos de Menéndez. Miguel Angel Mozé es el paradigma del hijo olvidado por esta ingrata madre, que habiéndolo formado desde niño en el pensamiento revolucionario, cuando ese ideario se tradujo en opción de vida le soltó la mano y lo entregó a la muerte.

No hay comentarios: